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Jamás te olvides de decir te quiero mientras haya tiempo…

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Por Tab Machado

Fue hace 27 años ya, que una mañana aprendí de la manera más dolorosa, brutal y desgarradora, la importancia y el valor de no ocultar jamás los sentimientos. Que un ‘te quiero’ a tiempo vale más que toda una vida de intenciones no resueltas y olvido. Que el amor se nutre de hechos y que, cuando el tiempo se termina, te faltan abrazos, besos, palabras y hasta te sobra remordimiento por el tiempo perdido…

Hace ya 27 años que aprendí que los sentimientos deben expresarse cuando aún hay tiempo, respuestas y hay oídos… si no luego se acomodan al lado de un retrato sin voz, sin alma y sin latido. Es por eso que hoy, reproduciendo para ustedes el capítulo 50 del libro ‘El desafío de vivir’ quiero invitarlos a que miren a sus costados y no dejen pasar la oportunidad de abrazar y decirle ‘te quiero’ a sus seres queridos…

“Sus ojos estaban fijos en mi… suplicantes, anhelantes, mientras su mano atenazaba la mía con gran intensidad, aunque ya sin fuerza, tal cual fuese el último cabo de un barco amarrado en el puerto que soporta la más feroz de las tormentas y se va deshilachando… Como explicar esos últimos momentos de la vida de mi padre, en los que el mundo se detuvo y tan solo con miradas nos dijimos más de lo que jamás hablamos… Es difícil de explicar la sensación de paz y de dolor que embargó mi alma y lo que esos minutos cambiaron mi vida para siempre.

Mi padre había decidido, un tiempo antes, jugar su destino en una operación quirúrgica (que nunca llegó a tiempo) y para tal momento, dijo, quería estar cerca de mí… Y ahora estábamos allí, al borde de la última frontera, en la antesala de un viaje de los que no tienen retorno, sin más diálogo que el de mirarnos a los ojos y el calor de las manos que querían atesorar un poco más de tiempo para decirnos, con gestos, todo lo que no se pudo o no hubo oportunidad…

Fue hace casi 15 (27, hoy) años… exactamente un 4 de Noviembre, en el que entendí que la vida es tan solo un soplo, un delgado cristal que se rompe cuando uno menos lo espera y que, cuando eso pasa, ya no hay más tiempo de nada… solo quedan recuerdos y frases sueltas que se acomodan al lado de un retrato que ya no tiene voz. En ese instante entendí lo importante de no guardarse nada adentro, de vivir con los sentimientos a flor de piel para que los demás sepan cuanto los respetas y quieres, sin que te falte tiempo para decirlo…

Por eso quizás hoy, como nunca, entiendo uno de los poemas de mi padre que decía:

Todo es efímero, pequeño, fugaz…

La sonrisa o el llanto de un niño,

El vuelo de un pájaro,

El presente… ¿quizás?

Todo es efímero, pequeño, fugaz…

El amor del hombre,

La noche y el día,

La Vida… ¿Quizás?

Todo es efímero, pequeño, fugaz…

El tiempo que pasa

El espacio infinito

La muerte… ¿Quizás?”

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