Columnas

Lo que hemos perdido

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Por Carlos Rojas de Morelos

Hoy y siempre nos ha preocupado nuestra juventud en quien hemos depositado una gran responsabilidad para manejar lo que llamamos futuro… Pero la pregunta es ¿los hemos preparado con buenos ejemplos? ¿La información que les hemos dado es la verdadera? ¿Es la correcta?  La vida es un vaivén, es un ir y venir y la balanza creo que la hemos procurado para un solo lado…

Hoy en día vivimos distraídos en una vida de espectáculo y deporte y las producciones culturales se han concentrado como una mega industria donde el ganar mercado es un eje decisivo, donde debido a las cifras multimillonarias toma más importancia la rentabilidad que el deleite y la creatividad que fueron y, deben ser, su razón de ser…

En esta era digital, celular, informática o como la queramos llamar la híper comunicabilidad que propician y fomentan las redes sociales, son la inmensa caricatura de la búsqueda por querer figurar o querer ser alguien para alguien… En esta urbe gigante y anónima, la saturación y velocidad del “progreso” los transportes y la tumultuosa información, cambian nuestra cotidiana existencia y caracterizan o definen la vida contemporánea. Y nos sentimos actores de la historia, nos han o nos hemos dejado convertir en testigos pasivos de un mundo en convulsión, con un caudal de datos y problemas que estamos lejos de poder pensar, digerir, comprender con facilidad o metabolizar…

También en este macro escenario se tejen nuestros lazos sociales y los procesos de subjetivación. La exclusión, la anomia, el no ser nadie para nadie, es el fantasma que recorre la ciudad y atraviesa las mentes y así vuelve a los seres humanos menos solidarios, más egoístas, mas arrogantes, individualistas y competitivos, más proclives a la droga y/o a la delincuencia.

La mente necesita vivir un triple espacio donde el presente sea sólo el puente  que una un pasado de adquisiciones, recuerdos y anhelos, con un futuro de proyectos e ilusiones. Sin este triple espacio, algo de su funcionamiento se puede derrumbar  y deteriorarse. Cada uno de nosotros debe ser más humano rescatar su historia, su camino donde cada quién pueda volver a ser un pequeño novelista de sí mismo.

Salvo el ermitaño, el ser humano necesita de un grupo de lealtades para existir. Pero en este mundo de la imagen y el espectáculo, es mejor aquel que más tiene y el que más gana, sin darse cuenta de su enorme vacío que tarde o temprano, irremediablemente nos lo hará caer en un desequilibrio y así distraídos olvidamos el deleite y la creatividad que fueron y deben ser, su razón de ser…

Tenemos que despertar conciencia… Hace días en la calle y en pleno centro de la gran ciudad vi como una chica caminaba feliz con sus audífonos seguramente escuchando algo de su predilección y en su teléfono mandando mensajes de texto, cuando de pronto un inconsciente se le acerca corriendo y la sorprende, la golpea, le arrebata el teléfono y su bolso. Ella llora y grita muerta de susto y los que estaban más cerca de ella nada hicieron,  solo fueron espectadores y el maleante desapareció como una saeta…

Se nota que carecemos de sensibilidad, la hemos ocultado tanto que se ha quedado en la oscuridad de nuestra ficticia fortaleza, nuestra sensibilidad se ha empobrecido en un ejemplo de vulgaridad robotizada… la inconsciencia nos ha hecho víctimas de alguna manera o forma y nuestros valores morales, éticos, sociales, humanos y mas, parece que se han ido de vacaciones. Que nuestro creador, nuestro Dios, extienda su poder a través de su bendita mano y despierte nuestras conciencias para recuperar el camino de lo que hemos perdido…

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