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¡Ya llegó el que andaba ausente!

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Al Carlitos me lo encontré y no quería  soltar la sopa, pero al fin se decidió y aquí me dejó esta fría, desnuda y triste historia… Escenario: estaba el Carlitos con su desvencijado auto en la esquina de las Avenidas Ashland y Roosevelt… Fíjense… el Carlitos estaba sobre Ashland de norte a sur, esperando el semáforo o la luz para dar vuelta a la izquierda sobre la Rossevelt…

Mientras esperaba sintió que alguien golpeaba la ventanilla de su carro. El Carlitos volteó para ver quién era y… sorpresa grande… mejor dicho susto grande, era un policía que estaba atrás del Carlitos quien, rápido y raudo cual saeta, abrió su  ventana y dijo lo de siempre: ¡yes officer!… a lo que su Linda Doris, quien sí le hacía más al inglés o a la ‘tatacha’ le dijo al oficial que el Carlitos no estaba cometiendo ninguna infracción… a lo que el Oficial contestó: “no estoy acusándolo de nada. Solamente quiero ver su licencia”…

¡Hay Dios mío! ahora si que aquí vino el crujir de dientes… bueno lo más peliagudo… el Carlitos le dio vuelta a su caballo… digo a su carro y se orilló sobre la Roosevelt con la Patrulla de Policía tras de él y, como siempre, de inmediato se bajó y fue a la patrulla y el ¡yes officer! resonó fuerte nuevamente.

Los policías eran dos Afroamericanos… que por cierto estaban siendo muy amables y lo obligado: le preguntaron por la bendita licencia de manejar a lo que el Carlitos respondió: I not have officer…

Los oficiales le preguntaron que, adonde iba y, si usted se coloca en dicha esquina y ve hacia el oriente, sus ojos se encontrarán con una iglesia.

Pues bien, a esa iglesia iba el Carlitos a visitar a las Madres Cordimarianas, que le estaban arreglando su situación migratoria porque el Carlitos quería secarse… La cuestión era como explicarles con su mecapalero inglés… así que pues, con señas les enseñaba la iglesia de la cual estamos hablando y que para allá iba…

Oiga esto, mejor dicho, lea esto: cuando le preguntaron de donde era, el Carlitos dijo que era de México y les dijo: “en México queremos mucho a los afroamericanos”… El oficial hizo su brazo hacia atrás para abrir la puerta y meterlo a la Patrulla, por lo que el Carlitos la vio muy cerca y se defendía con suplicas… casi también con lágrimas.

La razón es por todos conocida: el Carlitos no tenía licencia de manejar… entonces tomó las llaves de su carro y las quiso meter en la bolsa de la camisa del Policía diciéndole: ¡quédese con mis llaves oficial!… y cuando tenga mi Licencia de manejar lo busco para que me las devuelva. Según el Carlitos esa sería la solución…

El policía notó la angustia del Carlitos y le lanzó el perdón inmediato diciéndole: okey, vete, pero ya conozco tu carro, donde te encuentre te voy a detener. Y, por cierto, el bendito carro estaba tapizado de calcomanías que decían WSBC…

Ya perdonado el Carlitos se fue a su casa preocupado porque el policía no lo fuera a encontrar otra vez, porque las calcomanías eran grandes y fluorescentes, por lo que el carro era fácil reconocerlo…

El Carlitos sin licencia, nomás con la de Dios, así siguió manejando. Haciéndole al enzarapado y todo asustado mejor dijo… colorin colorado y este cuento se ha acabado… ¡pero vienen más!

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