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Hablando de migraciones y emigrantes: lo que no mata fortalece…

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Con la salida  de miles de ciudadanos de sus respectivos países en busca de oportunidades laborales en el extranjero, estamos asistiendo a una de las mayores transformaciones sociales de nuestra historia reciente después de las emigraciones masivas del siglo pasado. Sin embargo, poco se está hablando de las consecuencias psicológicas que produce este fenómeno en los que se marchan y en sus familias.

De un tiempo a esta parte se ha popularizado el concepto de que las migraciones son una oportunidad para el cambio. Desde la psicología sabemos que efectivamente las crisis pueden conllevar una excelente oportunidad de cambio, pero ojo, toda crisis es una amenaza  para la salud mental de una persona y sólo si ésta tiene los recursos necesarios para reequilibrarse, entonces puede tornarse en oportunidad.

Sea como fuere, la crisis y el cambio siempre traen consigo reestructuración y pérdidas. Sin embargo, sobre esta parte de la cuestión apenas se habla. Por lo general la gente se enfoca en lo que lo espera en otro lado: en vivir mejor, tener posibilidades que sus países no les brindan sin darse cuenta que a veces eso es una trampa…

Los emigrantes tenemos que  hacer frente a muchos obstáculos como la soledad, la frustración de no poder comunicarnos fluidamente en otro idioma, el desconocimiento de las normas culturales del país al que emigramos, la dificultad de encontrar un trabajo, etc.

Sumado a esto, el estatus migratorio que muchas veces nos corta posibilidades tener trabajos de acuerdo a lo que hacíamos en nuestros países de origen y eso es toda una experiencia pues nos encontramos con profesionales que mientras no pueden arreglar su situación migratoria, siendo universitarios deben hacer los trabajos más duros. Esto es parte de lo que se llama  el sueño americano.

Muchas veces la frustración nos lleva a preguntarnos… ¿Quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Cuál es mi hogar? ¿Quiero regresar? ¿Voy a construir aquí un proyecto de vida? ¿Qué he conseguido en este tiempo? ¿Qué he perdido por el camino? Ese es el momento de tomar decisiones y elaborar las pérdidas.

Quienes pasan por este proceso descubren partes de sí mismos que no conocían. La experiencia migratoria les ha cambiado para siempre, ampliando su manera de ver y sentir el mundo. Yo añadiría simplemente una dualidad a la que me he enfrentado a veces. ¿Tengo que adaptar mi personalidad a la cultura del país donde me encuentro? A veces pienso que para sentirme más integrada, tengo que comportarme  como ellos y, entonces, ¿renunciar a mi verdadero yo?

Bueno amigos en la próxima entrega les contare mi experiencia de retornar a mi país de origen luego de haber vivido muchísimo tiempo en el extranjero…  ahí viene otra historia de adaptación nuevamente. Un saludo de año nuevo para todos y lo mejor para el 2021

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