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CHUY- CHUI: una frontera diferente… de paz y de comercio

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Muy pocas fronteras tienen las características que tiene esta frontera entre Uruguay y Brasil.

Generalmente los países están separados por accidentes geográficos pero, en este caso, la frontera de Chuy – Chui es virtualmente una línea en una calle que divide a un pueblo literalmente por la mitad. Por un lado Brasil, gigante por donde lo miren y cruzando la calle Uruguay, país 45 veces más pequeño. Sin embargo se dan allí unas cuantas peculiaridades…

El Chuy (porque allí se desarrolla como una sola ciudad) se fundó con apenas unos pocos pobladores, a fines del siglo XIX, más precisamente en el año 1888. Allí se instalaron en realidad algunas dependencias estatales con el propósito de controlar el paso de personas y mercaderías.

Pero, como toda frontera tiene su atractivo, de a poco fue poblándose y generando un movimiento propio hasta que a mediados del siglo XX comienza a tener, con el desarrollo de los caminos y del comercio, un papel ya mucho más preponderante.

Segunda mitad del siglo XX

Ya en la segunda mitad de ese siglo comenzaron a radicarse migrantes de varias partes del mundo. Fundamentalmente árabes, pero también alemanes, japoneses, judíos, españoles y ahora, a comienzos del nuevo siglo, cubanos, venezolanos, dominicanos, peruanos y también de muchos países africanos están cambiando el panorama y la actividad social de la ciudad.

Como bien dijo el poeta e historiador Wilkins Machado, en un fragmento de su poema ‘Al Arroyo Chuy’: Te visitó el español y el portugués, fuiste historia y lo eres, hiciste historia y la haces y, como colofón, fuiste padre de un Chuy tan libre como tus pájaros, tan perseverante como tus tortugas o tan altivo como el indio que te dio tu nombre… 

En estas dos olas migratorias hay una diferencia importante, la primera, integrada fundamentalmente por árabes, venían muchos comerciantes que luego de un pequeño tiempo de ser itinerantes, se establecieron y rápidamente desarrollaron el comercio. Aprovechando las diferencias cambiarias y el grado importante de desarrollo de la industria brasileña, fundamentalmente en lo que refiere a la industria alimenticia, lograron consolidar el destino comercial.

La segunda y última ola por estos días, es fundamentalmente de fuerza de trabajo, trabajadores que vienen a ganarse la vida y ven en el Chuy un lugar donde trabajar mucho y en paz, mientras van esperando sus oportunidades.

El Chuy – Chui entonces es hoy una ciudad hoy muy peculiar, donde hay trabajadores de muchas partes del mundo hablando diferentes idiomas y dialectos, que se mezclan fundamentalmente en su avenida principal, donde se confunden con una enorme cantidad de visitantes que recorren sus calles diariamente y aprovechan su gran oferta comercial tanto del lado de Brasil como de Uruguay.

Pero no todo es oro en la frontera, por un lado, esa enorme transformación comercial ha ido sepultando la vida social, que creció en sus primeros 100 años, con una gran potencia, creando así una identidad propia, muy rica y particular.

Peculiaridades no le faltaron, el Estado quizá a impulso de sus habitantes, estaba mucho más presente del lado de Uruguay, tanto, que predominaba el idioma español y muchos de los ciudadanos brasileños estudiaban, atendían su salud y disfrutaban de la vida social del lado uruguayo.

Nunca el idioma portugués se impuso como en otras fronteras, a pesar de la enorme influencia y presión que ejercían los medios de comunicación brasileños sobre la población.

Hoy el Chuy – Chui sigue siendo una sola ciudad hermanada por una avenida.

Del lado brasileño la calle que hermana a los dos países lleva el nombre de Avenida Uruguai y, del lado uruguayo, el nombre de Avenida Brasil. Al principio y durante muchos años llevó el nombre común por el que muchos aun la conocen: Avenida internacional (de ambos lados).

Para ir de un lado al otro de esa avenida, que es ir de un país a otro, allí no se necesita pasaporte, visa y ni siquiera presentar ningún documento personal. Eso hace único a Chuy – Chui…

En los años 60 el desarrollo cultural fue muy importante y pudieron encontrarse allí diferentes expresiones artísticas de una cultura floreciente y, quizás aun hoy, no se ha podido capitalizar ese gran aporte que se podía ver en casi todas las actividades.

Seguramente la conjunción tan variada de tantas y tantas culturas y costumbres debería aprovecharse más allá del cambio de dinero o la venta de mercadería o incluso de la oferta laboral. Quizás en algún momento esa verdadera riqueza cultural, agregue al destino comercial una amalgama de culturas que represente a todos y enriquezca educativa, intelectual y culturalmente aún más a sus habitantes y a quienes la visitan.

Siempre hubo una variada riqueza, quizá sea el momento de que esa riqueza se exprese también en la vida diaria, más allá de la mercadería y los billetes, tal como lo vemos expresado en este fragmento de un gran poeta de la zona, aun no reconocido y recuperado como corresponde, junto a muchos otros que han expresado con gran acierto y sensibilidad el sentir de los habitantes de ese borde del mundo.

Por el momento, los jóvenes y los turistas sorprendidos, pueden poner con asombro un pie en el Brasil y el otro pie en el Uruguay y disfrutar a pocos kilómetros, de una de las extensiones de playa oceánica más extensa y hermosa de toda la costa del Atlántico sur. Mientras tanto las fuerzas de la cultura y la convivencia siguen haciendo su trabajo…

Chuy

1888… policromía de azul, verde, cielo y campo. La vista perdiéndose en el infinito y el hombre confundiéndose y mezclándose en ideologías e idiomas, duro batallar diario para subsistir en un medio aislado y falto de recursos. Mezcla de mil revueltas, amalgamadas con contrabandistas y troperos por excelencia, enamorados del peligro oculto en los montes, fieros custodias de matutes que pretenden traducir en monedas. Un comercio, una comisaria, una aduana y cinco ranchos.

Chuy 1888. Pasan los años, se amplían las sendas formando caminos, la diligencia trae a cuestas civilización mientras nuevos vecinos asientan sus reales en esta zona trayendo el progreso. Llegó la diligencia, cita obligada de nuestros antepasados y la natural curiosidad por saber lo que pasa más allá, donde la vista se pierde, buscando una razón para este acá.

Domingo, una penca cuadrera da motivo a una reunión de categoría, se hacen negocios, se arregla el matute, a veces una reyerta pone la nota distinta. Pioneros del Chuy, hombres mujeres y niños, conjunción de ideas en busca de superación, soñando quizás muchas veces con un viaje maravilloso, casi imposible, prometedor de mil aventuras…

(Fragmento del trabajo del poeta Wilkins H. Machado)

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